Hablar
de las colas en Venezuela es hacer referencia a un tema complejo, tanto así que
las soluciones que puedan concebirse no son, por lo menos, de implementación
práctica.
Obviando,
la situación de las colas actuales por adquirir los productos de primera
necesidad (que ya obedecen a un problema de índole económico y financiero),
podemos asumir que las colas en Venezuela obedecen a unas causas específicas.
En
primer lugar, debemos hablar sobre la sobrepoblación. Es lógico pensar que a
medida que crece la cantidad de habitantes, los servicios públicos y privados
se saturan de demandas, por lo que el acceso a ellos implica encontrarse con
varias solicitudes por delante de la nuestra o, lo que es lo mismo, conseguirse
con varias personas antes de nosotros en espera esperan de que les atiendan. Lo
expuesto es un asunto que pone en evidencia que el desarrollo en
infraestructura y economía va, por decirlo de alguna manera, a cincuenta
kilómetros por hora y la población a doscientos. Y el problema se acrecienta
porque el Estado venezolano incentiva y, de hecho, premia el acto de parir y
traer nuevos ciudadanos a la vida. Por otra parte, en la sociedad, el problema
de las colas, o la saturación de los servicios públicos y privados entre otras
cosas, jamás pasan por la mente de los futuros padres como una posible razón
para no procrear, si tenemos uno o dos hijos varones debemos buscar la hembra o
viceversa, sino los tengo aún debo tenerlos porque “hay que tenerlos”. Quizás
no sea temerario decir que son prácticas arcaicas propias de los habitantes de
países subdesarrollados o tercer mundistas, incapaces de valorar lo que
realmente significa para sí y para la sociedad el tener un hijo. Y es que al
finalizar la década de los ochenta, Venezuela entró en una fase en la que debió
tratarse con más cuidado el aumento de la población. Y sobre todo en los países
latinos en los que el subdesarrollo es la característica más resaltante, la
realidad es que cada pareja solo debería tener dos hijos, uno para que
reemplace al padre y el otro a la madre, porque todos los que surjan mas allá
de ese número no son otra cosa que sobrepoblación, ello implica que si vengo de
otra relación y ya tuve como mínimo dos hijos, en esta nueva ya no debería
tener, pero obviamente, nunca haremos algo así, y por supuesto, el Estado nunca
implementará un control de natalidad de esta categoría (ni de ninguna). Por
consiguiente, el asunto de las colas es una cuestión deseada inconscientemente
por cada uno de nosotros.
La segunda causa es la mejora de las condiciones
laborales. Sobre todo la última Ley del Trabajo, trajo consigo una reforma
contundente en salvaguarda e incremento de los beneficios laborales de los
trabajadores (cuando ya la anterior ponderaba la supremacía jurídica de estos
últimos sobre el patrono). Por consiguiente, los establecimientos públicos o
privados (sobre todo los privados) solo contratan una cantidad mínima de
trabajadores y en los recientes años esa cantidad ha sido disminuida
gradualmente, un ejemplo de ello son los bancos en los que es frecuente ver al
menos seis u ocho cajas de las cuales solo la mitad o menos cuentan con la
persona física del cajero. De manera pues que actualmente existe más demanda de
servicio y menos personas operativas que los presten. Debe resaltarse que las
entidades financieras han implementado maneras de evitar las colas en el
recinto bancario (y de evitar la contratación de cajeros y otros trabajadores),
una de ellas ha sido la implementación de los telecajeros, pero es cuestionable
el éxito de estas máquinas para evitar las colas, pues ahora se forman a la par
de dichos artilugios y son uno de los ejemplos más emblemáticos al hablar de
colas. Y en el interior donde los puntos de venta (como una forma de evitar el
manejo de dinero en efectivo) son más escasos, pueden ser varias las horas que
se pasen esperando el turno ante un telecajero. Y esto mismo se presenta en los
supermercados, carnicerías y charcuterías por citar algunos ejemplos donde la
cantidad de personas que atienden no es suficiente para enfrentar a la demanda
de consumidores. Una realidad similar se vive en la prestación de los servicios
públicos, basta con acercarse a una oficina de identificación con intención de
renovar la cédula para hacerse una idea. En consecuencia y como ya se ha
afirmado, la mejora de los beneficios laborales, es una clara causa del aumento
de las colas. Sin embargo, nadie va a renunciar a dichos beneficios o el Estado
a desmejorarlos en pro del estímulo o incentivo de la contratación de personal
y, por supuesto, a la disminución de las colas. En conclusión, las colas irán
sucesivamente en aumento y lo que es peor, llegaron para quedarse.




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